Mitos y realidades
¿El azúcar alimenta el cáncer?
Es una de las preguntas que más escucho en el consultorio. La respuesta corta: eliminar todo el azúcar no "mata de hambre al tumor", pero el exceso de azúcar y de peso sí aumenta el riesgo de cáncer. Entender la diferencia ayuda a comer mejor, sin culpa y sin dietas riesgosas.
De dónde viene la idea: el efecto Warburg
En la década de 1920, el médico y científico alemán Otto Warburg, que más tarde ganó el Premio Nobel, hizo una observación importante. Las células del cáncer consumen mucha más glucosa, el azúcar de la sangre, que las células normales, y la usan de una manera diferente.
Una célula normal "quema" la glucosa por completo dentro de las mitocondrias, las centrales de energía de la célula, y obtiene mucha energía de cada molécula. La célula del tumor, en cambio, prefiere un camino más corto y menos eficiente, incluso cuando tiene oxígeno de sobra. Obtiene poca energía de cada molécula, por eso necesita captar mucha más glucosa, a veces hasta 30 veces más que el tejido normal. A cambio, aprovecha los fragmentos de la glucosa como materia prima para construir nuevas células y multiplicarse. Esto se conoce como efecto Warburg.
Este descubrimiento es real y útil. Es lo que explica el PET-CT, el estudio que localiza tumores justamente porque "se encienden" al absorber una glucosa marcada.
Cómo se usó la teoría de forma equivocada
Con el tiempo, la observación de Warburg se simplificó hasta convertirse en otra cosa: "el azúcar que usted come alimenta el tumor" y, de ahí, "elimine el azúcar y el cáncer se muere de hambre". Esta frase se difundió por internet y por muchas dietas "anticáncer", pero no es lo que la ciencia demostró.
- Warburg describió cómo el tumor usa la glucosa, no que el azúcar de la dieta haga crecer el tumor. El tumor capta mucha glucosa porque sus alteraciones genéticas cambiaron su funcionamiento. El azúcar de la comida no es la causa de esa preferencia.
- El tumor no depende de su plato. El cuerpo mantiene estable la glucosa en la sangre todo el tiempo, incluso sin comer azúcar, como explico más abajo.
- El tumor se adapta. Cuando falta glucosa, muchas células del cáncer pasan a usar otros combustibles, como grasas, proteínas y cuerpos cetónicos.
- "Matar de hambre al tumor" fracasó incluso en el laboratorio. En estudios con animales, la dieta por sí sola no curó el cáncer. En algunos modelos, incluso de tumores de intestino, llegó a empeorar la enfermedad.
Hoy, los científicos estudian el metabolismo del tumor para crear medicamentos y para entender cómo combinar la alimentación con el tratamiento. Es un área prometedora, pero muy diferente de la idea de que eliminar el azúcar, por sí solo, trata el cáncer.
Por qué eliminar el azúcar no "mata de hambre al tumor"
El organismo controla de cerca el nivel de glucosa en la sangre. Aunque usted no coma nada de azúcar, el hígado produce glucosa para que el cerebro y los demás órganos sigan funcionando. El tumor sigue recibiendo lo que necesita. Y, cuando falta energía, quien suele perder primero es el propio paciente: peso, músculo y fuerza, que son justamente lo que más ayuda a atravesar el tratamiento.
Dónde el azúcar realmente importa
El problema no es la cucharada de azúcar en el café. Es el exceso de azúcar y de calorías que, con los años, lleva al aumento de peso, a la insulina alta y a la inflamación. Ese entorno favorece el crecimiento de células alteradas.
- El exceso de peso está asociado con al menos 13 tipos de cáncer, entre ellos los de intestino, hígado, páncreas, estómago, mama después de la menopausia y endometrio.
- En un gran estudio poblacional estadounidense, las personas con insulina crónicamente alta tuvieron aproximadamente el doble de riesgo de morir de cáncer.
Es decir: el azúcar aumenta el riesgo de forma indirecta, a través del peso y la insulina, y no "alimentando" un tumor que ya existe.
¿Y las dietas sin carbohidratos, como la cetogénica?
La dieta cetogénica elimina casi todos los carbohidratos y es muy rica en grasas. En el laboratorio mostró resultados interesantes en algunos modelos, pero también empeoró el cáncer en otros, incluso en tumores de intestino. En los estudios con pacientes:
- Los pocos estudios comparativos que midieron la evolución del cáncer no mostraron beneficio.
- En varias investigaciones, muchos pacientes no lograron mantener la dieta, y algunos perdieron peso y masa muscular de forma preocupante.
- En grandes estudios poblacionales, las dietas bajas en carbohidratos basadas en carne, huevos y lácteos se asociaron con una mayor mortalidad por cáncer. Cuando la base era vegetal, ese aumento del riesgo desaparecía.
Por eso, las principales sociedades de oncología y nutrición, como ESPEN, ESMO y ASCO, no recomiendan dietas cetogénicas ni restrictivas durante el tratamiento, salvo dentro de estudios clínicos.
Qué hacer en la práctica
- Prefiera comida de verdad: frutas, verduras, hortalizas, granos integrales, legumbres, pescado y aceite de oliva. El patrón mediterráneo es el que tiene mejor evidencia.
- Reduzca el azúcar añadido, sobre todo refrescos, jugos endulzados, dulces y ultraprocesados. Las frutas enteras no entran en esta cuenta.
- Durante el tratamiento, no elimine grupos de alimentos por su cuenta. Si tiene poco apetito, un dulce que logre comer puede ayudarle a mantener el peso. La prioridad es no perder peso ni músculo, con suficiente proteína en todas las comidas.
- Si tiene diabetes, el control de la glucosa sigue siendo importante, junto con su médico.
- Muévase. La actividad física regular reduce el riesgo de varios tipos de cáncer y ayuda a tolerar el tratamiento.
Lo que hoy tiene evidencia en prevención: controlar el peso, mantener un patrón de alimentación de calidad y moverse. En un gran estudio con personas con sobrepeso y diabetes, quienes bajaron de peso de forma planificada tuvieron un 16% menos de cánceres relacionados con la obesidad a lo largo de 11 años. Ninguna dieta "especial" superó eso.
Antes de cambiar su alimentación durante el tratamiento, hable con su equipo y, si es posible, con un nutricionista con experiencia en oncología.
Fuentes
- Teixeira MF. Dietas restritivas e cetogênicas: temos ensaios clínicos? Conferencia, 2026.
- Mundi MS, et al. JPEN Journal of Parenteral and Enteral Nutrition, 2021;45(S2):S26–S32. doi.org/10.1002/jpen.2226
- Mishra A, Giuliani G, Longo VD. Biochimica et Biophysica Acta, Reviews on Cancer, 2024;1879:189063. doi.org/10.1016/j.bbcan.2023.189063
- Fung TT, et al. Low-carbohydrate diets and all-cause and cause-specific mortality. Annals of Internal Medicine, 2010.
- Look AHEAD Research Group. Obesity, 2020.
- Warburg O. On the origin of cancer cells. Science, 1956;123:309–314.
- Vander Heiden MG, Cantley LC, Thompson CB. Understanding the Warburg effect: the metabolic requirements of cell proliferation. Science, 2009;324:1029–1033.
- Arends J, et al. ESPEN guidelines on nutrition in cancer patients. Clinical Nutrition, 2017;36:11–48.
Contenido informativo. No reemplaza la orientación de su equipo ni de un nutricionista.